Campanas de Libertad

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11 noviembre 2007

Por fin, ¡¡ya era hora Majestad!!

¡Viva el Rey! por Juan Carlos Girauta.

Qué ganas tenía de escribir algún día un titular así. Lo facilita la reacción de Juan Carlos I ante la enésima sarta de insultos del oleoso Chávez contra Aznar. Oleoso por el petróleo con que lubrica voluntades y por lo pringoso que resulta su abrazo. Un peligro que Z no ha advertido, entregado a una chavización sistemática de su discurso, de su diplomacia y de sus maneras. ¿Recuerdan a Moratinos ejerciendo en televisión de ministro de Exteriores de Venezuela y acusando a Aznar de golpista? Al dictadorzuelo, que no da más de sí, le tiene que haber sorprendido que Z le reprenda (aunque poco y sin convicción) por calificar a Aznar con los mismos términos con el que el PSOE y sus terminales mediáticas gustan de referirse al PP y a la prensa libre todos los días del año: ¡Fascistas! ¡Golpistas!



La visita a Ceuta y Melilla, la claridad allí empleada, y ahora esta gallarda defensa de la dignidad de un ex presidente del Gobierno de España (que en una cumbre internacional equivale a la defensa de la dignidad de España), son tan satisfactorias que por sí solas justifican la figura real, generalmente instalada en el silencio y en el aséptico protocolo que le impone el diseño constitucional.

Un Gobierno catastrófico nos ha dejado sin aliados, sin relevancia en el mundo, sin peso en la toma global de decisiones. En política interna, baste constatar la campaña chavista en la que anda metido el PSOE, fundada en la conversión del adversario en enemigo, en su acoso, en su cosificación. Todo ello combinado con un oneroso tercermundismo, un antiamericanismo trasnochado y un antisemitismo visceral que nos invalida para jugar en Oriente Medio el papel que a España le correspondería por tradición.

Z optó por contravenir con ostentación a los Estados Unidos, por trasladar a Europa sus prejuicios apostando por los perdedores e irritando a los ganadores, por impulsar una vacua "alianza de civilizaciones", por halagar a Siria e Irán, por tomar decisiones contradictorias en la batalla mundial contra el terrorismo, por exhibir una España poco fiable en materia de grandes inversiones con motivo de aquella OPA y por unir sus destinos a líderes antidemocráticos como Chávez y Morales, metidos ambos en su perpetuación en el poder a cualquier precio, mientras lesionaban los intereses económicos de España.

Tenía que llegar lo que ha llegado: que la oleosa y deslenguada bomba andante dijera en una cumbre, y ante el Rey, lo mismo que Z, Vicefernández, Rubalcaba, Blanco y sus palmeros prisaicos dicen a diario. El presidente ha intentado una tímida defensa, similar a la que usaba hasta anteayer cuando alguien se metía con Otegi: las bondades del diálogo y tal. Afortunadamente había un Rey en la cumbre. Ha encarnado al pueblo español y ha preservado nuestra dignidad: "¡A ver si te callas!" Definitivo. Los borbones dan a veces estas gratas sorpresas.

de Libertad Digital